martes, 22 de julio de 2008

¡En esta puta ciudad!

Cba capital 22-07



Mañana tranquila, fría, la vuelta del invierno se hace sentir. Gente que tropezandose baja de los colectivos y se sube a ellos, niños aún masticando el sueño y otros arrastrando las pocas ganas de volver a clases luego del receso invernal.
Plaza San Martín, palomas, papeles, gente, envases, personas, mugre, basura y todo mezclado crean el paisaje que nadie apetece.
Mujeres que cambian el pañal de sus hijos y amablemente los esconden trás un banco, niños que pretenden matar palomas a pedradas en plena peatonal mientrás sus padres sueñan con lo que ven en las vidrieras...Gente pidiendo monedas...
Un grupo de jovenes payasos guardan el frío en sus coloridas pelucas e intentan entretener a los peatones que no siempre los ignoran, una muchacha extiende amorosamente su mano con unas monedas al sombrero del payaso y con la mano que le queda arroja un paquete vacío de papitas fritas al suelo, voltea verme y sigue su camino. El payaso toma las monedas, apaga su cigarrillo y lo arroja deliberadamente al piso.
Y suman, mientrás el barrendero pasea la escoba por Colón y San Martín, un hombre joven y su bonita esposa comen maní mientrás aguardan el colectivo, casualmente terminan de comerlo cuando el barrendero ya paso por su lado y vuelven a dejarlo caer sobre el cordón, pensando quizás "mañana alguien lo barrerá, el viento se lo llevará" o simplemente no piensan.
Me detengo junto a un cesto de basura para intentar compreder que tienen de incomodos que nadie los usa y adivinen que descubro ¡Si! exactamente!, nada, los cestos estan vacios por que simplemente es más fácil ensuciar lo que nosotros no debemos limpiar.
Córdoba es una bella ciudad, bellísima en realidad, pero los ciudadanos que viven en ella no saben ver que arruinan el paisaje que representa la ciudad y seguimos caminando entre papeles y papeles que algunos como yo no nos acostumbramos a aceptar y aún aveces discutimos con enfasís con la persona que arrojo eso en la vía pública, pero aveces (debo reconocer), te cansas de pelear con el viento.

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